Fue un domingo 2 de agosto de 1998. El Teatro Segura había programado dos funciones de la zarzuela La corte del faraón. Estaba por terminar la primera función cuando el olor a quemado y los rumores dominaron el final de la obra, el Teatro Municipal se estaba quemando. De la incertidumbre se pasó a la consternación. El público que llegaba para la segunda función de la zarzuela, miraba el cielo ennegrecido lamentando el incendio que abrazaba el "Municipal". Faltaban 20 minutos para las cinco de la tarde de ese domingo gris, similar al de hoy, 28 años después. El escenario que había recibido durante décadas a las más grandes figuras de la ópera, el cine, ballet, teatro y la música internacional estaba siendo consumido por las llamas.
El Teatro Municipal de Lima envuelto en llamas la tarde del 2 de agosto de 1998. La imagen, captada desde la azotea de un edificio vecino, registra el dramático incendio que destruyó uno de los escenarios más emblemáticos de la historia cultural del Perú.
Días después, entre los comentarios de quienes trabajaban tras bambalinas, una versión comenzó a repetirse. Los técnicos Huamaní y Lucho recordaban que la cantante criolla Eva Ayllón había ofrecido funciones el viernes, el sábado y ese mismo domingo. Según ellos, antes del espectáculo se pidió girar el puente de iluminación para que la artista pudiera quedar iluminada de frente y ser vista junto al público. Y así se hizo. La maniobra implicaba un riesgo considerable, los reflectores de 600 watts quedaban muy próximos al pesado telón de terciopelo que cubría el escenario.
Siempre de acuerdo con ese testimonio, el técnico Lucho advirtió que la operación de voltear el puente de reflectores debía durar entre veinte y cuarenta segundos como máximo, para evitar que el intenso calor alcanzara el terciopelo. Sin embargo, sostienen que la iluminación permaneció más tiempo del recomendado. El terciopelo habría comenzado a arder y el fuego encontró un aliado letal en la corriente de aire que ingresaba por la claraboya del teatro. Ese constante "chiflón" alimentó las llamas, que rápidamente alcanzaron la parte superior del edificio, donde predominaban antiguas estructuras de madera, haciendo prácticamente imposible controlar el incendio.
Aquella tarde se consumió una parte invaluable del patrimonio cultural del Perú. El Teatro Municipal había sido el escenario donde desfilaron algunos de los mayores exponentes de la ópera, el cine mundial, la música sinfónica, el ballet, el teatro y los espectáculos internacionales. Su incendio dejó una profunda herida en la memoria de Lima y en quienes fueron testigos de una de las jornadas más dolorosas para la cultura peruana.




