Ghena Dimitrova interpretó a la gélida Turandot en la fastuosa producción de Franco Zeffirelli en La Scala de Milán, en 1983. El tenor Nicola Martinucci, hizo de Calaf.
Ghena Dimitrova (1941-2005) pertenece a esa estirpe de artistas que transformaron una voz excepcional en una leyenda de la ópera. Su camino, fue producto de una férrea disciplina. Tras ganar en 1970 el Concurso Internacional para Jóvenes Cantantes de Ópera de Sofía y obtener una beca para perfeccionarse en la prestigiosa Escuela de La Scala de Milán, tomó una decisión que marcaría su destino. Renunció a la tentación del éxito inmediato para formarse en teatros de provincia, donde consolidó pacientemente el exigente repertorio dramático que soñaba interpretar.
Aquella decisión por el aprendizaje y la madurez artística la llevó de regreso a los grandes escenarios europeos. En pocos años conquistó La Scala, la Arena di Verona, el Festival de Salzburgo, la Metropolitan Opera de Nueva York y los principales teatros de Londres, Berlín, Viena, Madrid, Buenos Aires y México. Compartió escena con figuras como Plácido Domingo, Luciano Pavarotti y Piero Cappuccilli, mientras directores legendarios como Herbert von Karajan reconocían en ella una voz de extraordinaria fuerza, personalidad y autenticidad.
Su carrera alcanzó un punto culminante cuando inauguró en tres ocasiones la temporada de La Scala: como Turandot (1983), Amneris en Aida (1985) y Abigaille en Nabucco (1986), una distinción reservada para las voces más extraordinarias de su tiempo. Durante una década fue una de las intérpretes más aclamadas de la Metropolitan Opera y convirtió personajes como Turandot, Aida, Tosca, Lady Macbeth, Gioconda y Abigaille en referencias para las generaciones posteriores.
Pero quizá su legado más valioso no sea únicamente artístico. Ghena Dimitrova defendió siempre la individualidad del intérprete.
Rechazó imitar a las grandes divas de su época porque entendía que el verdadero artista solo alcanza la excelencia cuando encuentra su propia identidad. "Cuando imitas a alguien, haces el ridículo. Será mejor que muestres tu verdadero yo", afirmaba.
Para las nuevas voces líricas del Perú, su historia ofrece una enseñanza vigente. El talento necesita estudio, paciencia, disciplina y convicción. Antes que buscar el reconocimiento inmediato, Dimitrova eligió prepararse hasta sentirse lista para enfrentar los escenarios más exigentes. Ese recorrido convirtió a una joven estudiante búlgara en una de las sopranos dramáticas más admiradas del siglo XX y en un referente para quienes hoy sueñan con llevar el nombre de su país a los grandes teatros de la ópera mundial.
Turandot intermpretada por Ghena Dimitrova en dos fastuosas producciones históricas de 1983. La colosal puesta en escena en la Arena di Verona bajo la dirección de Giuliano Montaldo y la deslumbrante inauguración de temporada del Teatro alla Scala de Milán diseñada por Franco Zeffirelli.
Ghena Dimitrova, como la reina de la noche en la ópera La flauta mágica, 1967.
En 1989, Ghena Dimitrova brilló como Floria Tosca -la famosa ópera de Giacomo Puccini- junto al tenor Giuseppe Giacomini en el Teatro alla Scala de Milán.




